EDITORIAL // 13/03/2026

La ciudad ya no se construye para vivir en ella

Cada banco incómodo, cada plaza vigilada y cada alquiler inaccesible sugieren una pregunta brutal: ¿para quién se está diseñando la ciudad contemporánea?

Imagen del artículo

Valoración: Sin valorar

Inicia sesión para valorar este artículo.

COMPARTIR

La ciudad ya no se construye para vivir en ella

Las ciudades modernas siguen vendiéndose como centros de oportunidad, mezcla, creatividad y vida compartida. Pero basta mirar con un poco de mala leche para notar otra cosa: bancos que expulsan cuerpos, plazas que disuaden permanencias, alquileres que filtran habitantes, cámaras que ordenan flujos y arquitectura que administra molestias.

La ciudad como herramienta de selección

Una ciudad puede diseñarse para acoger o para clasificar. Y cada vez hay más indicios de que muchas capitales y grandes núcleos urbanos hacen lo segundo. No expulsan de golpe: gradúan acceso, encarecen presencia, disciplinan usos y castigan la permanencia improductiva.

Urbanismo hostil, pero no solo

El ejemplo más visible es el urbanismo hostil: bancos imposibles para tumbarse, pinchos, separadores, superficies incómodas, recorridos forzados. Pero eso es solo la capa estética de una lógica más profunda. La misma lógica aparece en alquileres desbocados, turistificación, peatonalizaciones pensadas más para consumo que para vida común y espacios públicos hiperregulados.

El ciudadano ideal del nuevo centro urbano

El sujeto urbano ideal es móvil, solvente, trazable, consumidor y relativamente silencioso. No estorba, no se instala, no ocupa sin pagar, no improvisa comunidad fuera del circuito comercial.

Todo lo que se sale de ahí se convierte en problema de gestión: pobreza, juventud sin consumo, ancianos sin rentabilidad, personas sin hogar, reunión espontánea, conflicto, descanso no productivo.

El precio como filtro social

La crisis de vivienda añade una segunda capa. La OCDE lleva tiempo señalando el deterioro de la asequibilidad residencial en múltiples países. Eso significa que la ciudad no solo se vuelve más vigilada: también se vuelve más exclusiva. Y la exclusión por precio tiene la ventaja política de parecer neutral.

No hace falta declarar a nadie indeseable si basta con hacer imposible que se quede.

La pregunta incómoda

¿Cuándo una ciudad deja de ser una ciudad y empieza a parecer una interfaz de circulación y filtrado?

Quizá cuando vivir en ella deja de ser un derecho práctico y pasa a ser un privilegio que debes justificar una y otra vez con dinero, conducta y adaptabilidad.

Entonces ya no habitas la ciudad. La sobrevuelas, si te dejan.

Fuentes

  • OECD — Affordable housing: https://www.oecd.org/en/topics/affordable-housing.html
  • OECD — Housing policies for sustainable and inclusive cities: https://www.oecd.org/en/publications/housing-policies-for-sustainable-and-inclusive-cities_d63e9434-en.html
  • Chalmers University publication — Hostile urban architecture: https://publications.lib.chalmers.se/records/fulltext/253746/local_253746.pdf